Sanclemente365

Day 48 El Toro Cebu en Colombia

Posted on: June 13, 2012


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Al lado de los leones africanos, de los tigres de Bengala y de las panteras negras de un circo trotamundos, como si fuera tan feroz y exótico como estas fieras, llegó a Colombia este famoso y quizá primer ejemplar cebú en ingresar al país.

Viajó 30 días desde Hamburgo a bordo de un buque, y que ancló en Puerto Colombia a finales de 1912. Lo importó Adolfo Held, un alemán experto en tabaco llegado al país en 1880, quien a comienzos de este siglo fundó la hacienda Jesús del Río, en Zambrano, a orillas del Magdalena, que con los años abarcaría 21.000 hectáreas. Held, atacado por el paludismo como todo europeo que se respetara por entonces, volvió en 1911 a su tierra para curarse con quinina las fiebres y escalofríos tropicales. Allá se encontró con un paisano y amigo que vivía en Brasil a donde había llevado ganado cebú, que había resultado ideal para el calor y demás características del trópico. Eran animales que habían viajado entre la India y Brasil, pasando por Alemania, también en la barriga del buque que le daba vueltas al mundo comprando fieras para el circo.

“Palomo”, bautizó Held a su cebú, un macho de dos y medio años, adán del cebuismo colombiano. El animal despertó la máxima curiosidad entre ganaderos y ganados costeños con los cuales llegó a convivir en Zambrano.

Se le puso a servir una vacada grande, criolla, huesuda y descarnada. Las primeras crías, esperadas con la misma expectativa que años más tarde despertarían las nacidas mediante transferencia de embriones, por ejemplo, resultaron muy buenas en salud y peso, recordaba hace poco Walter Held, hijo de aquel alemán pionero.

En 1915, Held trajo dos nuevos machos, esta vez de Texas, pero esa es otra historia. Pero volviendo a Palomo, este fue el prolífico tronco de una familia que entre 1912 y 1956 llegó a tener 15907 miembros, puros, de alto mestizaje y cruzados con Hereford, Red poll, Holstein, Pardo Suizo, que se regaron por todo el país, y también por Panamá, a donde se exportaron 102 animales en 1938.

Para satisfacer la curiosidad de todos los ganaderos pero especialmente de los modernos cebuistas, les contamos el destino de los hijos de ’Palomo’. El primero, obviamente se quedó en la finca de los Held, en Zambrano, y varios de los demás fueron a parar a ganaderías santandereanas. El segundo lo compró Abdón Espinosa, padre de Abdón, Augusto y Jorge Enrique, reconocidos cebuistas. El tercer retoño del toro fue llevado a Ocaña por José Domingo Jácome; el décimo séptimo se lo llevó Pedro Vicente Tristancho, de Bucaramanga, en 1916, y el siguiente lo compró Enrique Gast, quien lo puso al servicio de su vacada, en Socorro.

En 1915, ganaderos vallecaucanos de las familias Eder y Garcés trajeron de Estados Unidos algunos ejemplares. Una década después ya era posible adquirir animales 7/8 de sangre cebú, muy buscados por los ganaderos porque transmitían a las vacadas criollas rusticidad, adaptación al medio, resistencia a plagas y enfermedades y mejores rendimientos de carne.

 

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